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Un elefante en tu cabeza (III)
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Acabamos el primer capítulo de este TIPS, inspirado en el trabajo de K. Simler, R. Hanson y J. Jarvis, hablando de los dos roles que están nuestra cabeza (El autócrata, egoísta por naturaleza, y el jefe de prensa, que aparenta no serlo)
Para los autores todo es una competencia por sobresalir dentro del grupo… como sucede literalmente con las secuoyas.
Las secuoyas están obligadas a competir con otras secuoyas por la energía del sol. La que se queda atrás, en la sombra, tiene muchas posibilidades de morir.
Al igual que las secuoyas, que no compiten con otros árboles más pequeños, los humanos también compiten entre sí, y no contra otras especies de animales.
En las tribus de 20-50 individuos ya se competía, según los autores, principalmente por sexo, status y poder.
Al contrario que las secuoyas, los humanos pueden cooperar para establecer límites a la feroz competición. A estos límites les llamamos normas.
La primera norma
Los humanos somos los únicos animales que tienen un sistema de normas que todo el mundo debe seguir. Inventamos las normas para poder mantener los grupos fuertemente unidos.
Si un Alpha se volvía muy dominante y actuaba de modo egoísta, significaba un riesgo evidente para el resto de los miembros de la comunidad.
La ruptura de la comunidad significaba, a su vez, un aumento exponencial de riesgos para cada individuo, que se necesitaban mutuamente para sobrevivir, incluido el propio Alpha.
Fue así como los grupos se transformaron progresivamente en comunidades más igualitarias, porque la igualdad era la estrategia más eficiente para la supervivencia del grupo.
La relativa igualdad de los grupos humanos es una de las características que más nos diferencia de los grupos de animales, donde prevalece una fuerte jerarquía.
Para que los sistemas igualitarios se impusieran entre los humanos, las herramientas, concretamente las armas fueron claves. Cuerpo a cuerpo, es complicado vencer a un Alpha y más de tres omegas se pueden entorpecer. Pero con armas arrojadizas, piedras por ejemplo, las cosas cambian.
Nació así la primera norma: no seas demasiado egoísta.
Hoy en día tenemos muchísimas normas que todo el mundo conoce y que sabe que no debe infringir si no quiere ser públicamente señalado o castigado…
El dilema
El dilema que nos presentan los autores es si el principal factor de crecimiento del cerebro era la competitividad (darwiniana), pero la competencia estaba limitada por las normas igualitarias. ¿Por qué siguió creciendo nuestro cerebro?
La respuesta de los autores no te dejará indiferente, pero tendrás que esperar al siguiente capítulo para descubrirlo.
En Hexagonal seguimos trabajando para traerte estas píldoras de los ensayos más celebrados e influyentes…
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Nota: Este contenido se publicó originalmente como un Carrusel en Linkedin. Si quieres ver la publicación original, puedes visitar este enlace.
Crédito imagen: Stewart Watson