
Soft skills y roles hexagonales: Activador/a
abril 4, 2026
Innovación centaura: Narrador/a cívico/a
Vivimos en un momento de saturación narrativa sin precedentes. Nunca habíamos tenido acceso a tantos relatos, datos, opiniones e imágenes. Tampoco habíamos tenido tanta dificultad para construir sentido colectivo.
La sobreabundacia informativa y su velocidad nos han creado retos de juicio narrativo y creación de sentido. Las instituciones hablan, pero no cuentan historias que cohesionen. Los medios informan, pero pocas veces orientan. Los algoritmos generalmente amplifican lo que polariza… Y mientras tanto, las sociedades fragmentadas necesitan con urgencia perfiles que sepan tejer lo que se ha roto: el hilo entre hechos, emociones y significados compartidos.
Ahí aparece la figura del narrador o narradora cívica que proponemos como parte de los perfiles de Innovación Centaura.
¿Quién es exactamente un narrador/a cívico/a?
Un/a Public Mythmaker es un profesional que ayuda a construir narrativas compartidas capaces de orientar la acción colectiva frente a la incertidumbre. En tiempos de sobrecarga informativa, polarización o desafección, esta figura ejerce como curador/a simbólico/a, conectando hechos, emociones y metáforas que permiten interpretar el presente y proyectar futuros deseables.
No se limita a contar historias, sino que activa el juicio narrativo: sabe identificar qué relatos están operando (incluso de forma inconsciente), qué símbolos movilizan, qué ausencias duelen y qué sentidos se disputan. Usa herramientas del storytelling, la semiótica, la filosofía del lenguaje y la escucha cultural profunda.
Opera en procesos sociales, políticos y mediáticos, donde construye marcos de referencia, resignifica mitos contemporáneos, traduce complejidad en imágenes comprensibles, y devuelve al lenguaje su poder transformador. En contextos polarizados, trabaja como un puente simbólico entre mundos disonantes.
¿Cómo se ha formado y con qué herramientas trabaja?
Esta profesión se asienta sobre campos de conocimiento que ya existen, pero que antes no se combinaban de igual manera: la filosofía del lenguaje y la hermenéutica, la comunicación social y cultural, la teoría literaria y narrativa, la semiótica y el análisis del discurso, la sociología de la cultura. Lo innovador es la combinación y el propósito al que se orienta este perfil.
En la práctica, trabaja con herramientas como el storytelling estratégico, el análisis de narrativas dominantes, el diseño de futuros desde el relato, las cartografías simbólicas y la escucha narrativa como forma de etnografía creativa. Son instrumentos que permiten hacer algo que los datos solos no pueden: traducir la complejidad en algo que la gente pueda sentir y desde donde pueda actuar.
Los retos donde este perfil marca la diferencia
No es una profesión de contextos estables: opera precisamente donde las narrativas fallan o se han roto. Actúa en los procesos de reconstrucción de sentido tras una crisis (una pandemia, una catástrofe climática, un conflicto social profundo); en las transiciones ecosociales; y en los procesos de reconciliación y memoria colectiva, donde los relatos del pasado determinan qué futuros son posibles. También aparece en la imaginación democrática para conseguir que la participación ciudadana no sea un trámite, sino una experiencia de co-creación real; y en la educación crítica y medios, para enseñar a leer narrativas, no solo a consumirlas.
Los dilemas que no pueden ignorar
El mayor riesgo de la persona narradora cívica es sufrir aquello que combate: saturación de relatos sin sentido compartido. Además, debe tenerse en cuenta que el storytelling puede ser una herramienta de emancipación o de manipulación: la diferencia no está en la técnica sino en el para qué y el para quién. Por otro lado, la instrumentalización política de las emociones es uno de los fenómenos más presentes en el mundo contemporáneo, y este profesional trabaja exactamente en ese territorio de alta tensión.
Hay más dilemas: la invisibilización de voces subalternas cuando los relatos compartidos son en realidad los relatos del poder; la desconfianza hacia los símbolos públicos, tan erosionada que cualquier intento de construir sentido colectivo se lee como propaganda; y la saturación de relatos sin anclaje: más historias, menos verdad.
Trabajar desde aquí exige rigor ético, no solo habilidad narrativa.
¿Por qué el perfil del narrador/a cívico/a esto importa ahora?
Actualmente la IA puede generar contenido a escala industrial: producir textos, imágenes, vídeos, simulaciones a un ritmo casi inverosímil. Pero no puede (todavía, y quizás nunca) es empatizar con las personas y el contexto, para decidir qué historias merecen la pena ser contadas, desde qué valores, en nombre de quién y con qué consecuencias. Ese juicio es humano, político y ético.
En Hexagonal creemos que la narración cívica no es solo una profesión del futuro. Es ya una necesidad del presente que aún no hemos sabido asumir de manera coherente y sistémica.





