
Para gobernar el futuro, necesitamos instituciones capaces de aprender
septiembre 18, 2026Quien llega con una sola llave…
Desde Hexagonal y Provivienda hemos escrito un capítulo para el libro colectivo: «Ciudad y derecho a la vivienda» (Catarata). La vivienda funciona tal y como la hemos diseñado. El problema no es una crisis, es el sistema.
En cualquier sobremesa llega un momento, entre el café y la segunda ronda, en que alguien cuenta lo que paga su sobrina por un piso de cincuenta metros y la conversación se incendia. Desfilan entonces los sospechosos habituales. Los fondos buitre, los pisos turísticos, los okupas, la ley de vivienda, Europa, el Gobierno, el Gobierno anterior, el Gobierno anterior del anterior Gobierno... Cada cual elige al suyo según el periódico que lee. Pasa lo mismo en los telediarios y en el Congreso. El alquiler sigue subiendo y la vivienda lleva casi dos años encabezando las preocupaciones de los españoles en el CIS.
Hagamos un experimento mental. Imaginemos a un gobernante cualquiera, del color que cada uno prefiera, que guarda en un cajón la medida capaz de devolver los alquileres a la cordura. Quien la aplicara tendría asegurada la gratitud de una generación y un par de mayorías absolutas. Cuesta pensar en alguien tan desprendido como para dejarla ahí. Si nadie la ha sacado todavía, quizá sea porque el cajón está vacío.
El consuelo del culpable
La responsabilidad existe, claro. Pero solemos mezclar dos preguntas distintas, la de quién es responsable y la de qué provoca el problema. El fondo que compra un edificio entero para reconvertirlo en alquiler de temporada responde de lo que hace. La causa, sin embargo, está en un contexto que convierte esa operación en la jugada más racional del tablero. Señalarlo alivia y castigarlo produce una satisfacción muy humana. Al día siguiente, otro jugador ocupa su casilla, porque el tablero sigue igual.
En España hemos pedido a la vivienda que sea al mismo tiempo un derecho y el principal activo financiero de las familias. Como derecho, debería estar al alcance de quien la necesita. Como activo, tiene que revalorizarse. Durante décadas esa contradicción se tapó con una promesa, la del esfuerzo que acababa convertido en un piso en propiedad, una piscina comunitaria y algo que dejar a los hijos. Esa promesa cada vez se encuentra más lejos de la realidad. Y cuando el mañana deja de pagar las renuncias de hoy, se acaba la paciencia y el enfado busca dónde votar. Ya sea en Murcia o en Sajonia.
En España hemos pedido a la vivienda que sea al mismo tiempo un derecho y el principal activo financiero de las familias.
.
Curvas que se empujan
La vivienda se comporta como un sistema complejo cuyas variables tiran unas de otras. El precio del alquiler retrasa la emancipación, la emancipación tardía aplaza los proyectos de familia, la huida a la periferia satura autovías y cercanías, y los centros se vacían de vecinos mientras se llenan de trolleys con ruedas. Cada intervención tiene múltiples efectos a distancia. Se limitan los pisos turísticos y la presión se desplaza al alquiler de temporada. Se reparten ayudas al alquiler y una parte termina en el bolsillo del propietario.
A eso se suma el reloj. Tic, tac. Una promoción pública tarda entre cinco y diez años en entregar llaves y una legislatura dura cuatro, de modo que la inversión y el beneficio político no siempre concuerdan. Y hay daños difíciles de revertir. Equivocarse sale barato cuando se puede dar marcha atrás, pero un barrio que expulsa a sus vecinos rara vez los recupera, y los años de una generación que pasa compartiendo piso a los treinta y cinco nunca volverán. Nadie saber cómo será un joven adulto en 2050. Entretanto, a cada persona le pedimos resiliencia, que es una manera elegante de decirle que se apañe.
Equivocarse sale barato cuando se puede dar marcha atrás, pero un barrio que expulsa a sus vecinos rara vez los recupera, y los años de una generación que pasa compartiendo piso a los treinta y cinco nunca volverán.
.
Aprender a mirar
Nuestras instituciones se organizan en departamentos, competencias y presupuestos anuales, una arquitectura racional pensada para problemas que se dejan cortar en rodajas. La vivienda depende a la vez del suelo, la fiscalidad, el crédito, el turismo y los servicios sociales, y cada pieza tiene su propio despacho. Lo que casi nadie gestiona es la relación entre ellas.
En Hexagonal trabajamos justo en ese pasillo entre despachos. Dibujamos mapas sistémicos para ver dónde se atasca un problema y quién depende de quién, y diseñamos laboratorios donde administraciones, empresas y sociedad civil ensayan respuestas antes de convertirlas en norma. En Viladecans, jóvenes y técnicos municipales imaginaron juntos el futuro de la vivienda en su ciudad, y aquellas ideas alimentan hoy su nuevo plan local. Abrir, mezclar, experimentar y colaborar son los verbos con los que intentamos construir instituciones que aprenden2, capaces de convertir la complejidad en aprendizaje, en comunidad y, cuando las cosas salen bien, en algo parecido a la belleza.
Conviene ajustar las expectativas. Los problemas complejos se resuelven poco y se gobiernan mucho. Gobernarlos consiste en frenar a tiempo lo que se desboca y pactar quién carga con cada renuncia.
.
Luces cortas y largas
Lo que planteamos en el capítulo es menos vistoso que una medida estrella y bastante más ambicioso. Reescribir las reglas. Tratar la vivienda asequible como un pilar del Estado de bienestar, como la sanidad o la educación. Hacer sitio a un tercer actor entre el Estado y el mercado, entidades sociales que gestionan vivienda asequible de forma permanente y sin ánimo de lucro, como hace tiempo que ocurre en Viena. Y conducir con las luces cortas y las largas encendidas a la vez. Tan sospechoso resulta quien gobierna solo para el titular de mañana como quien promete un horizonte glorioso a treinta años y se desentiende de la familia que recibe hoy la carta de desahucio.
Conviene ajustar las expectativas. Los problemas complejos se resuelven poco y se gobiernan mucho. Gobernarlos consiste en frenar a tiempo lo que se desboca y pactar quién carga con cada renuncia. Ahí apunta el V LAB, el laboratorio nacional de innovación en vivienda que impulsamos Provivienda y Hexagonal como alianza transformadora, pensado para conectar a quienes ya trabajan sobre el problema y para que lo aprendido en un barrio de Vigo sirva en otro de Fuenlabrada o de Las Palmas. En Hexagonal hablamos a menudo del Derecho al Futuro, y pocas cosas lo condicionan tanto como tener una casa donde empezarlo.
Así que la próxima vez que alguien aparezca en la sobremesa con la solución definitiva bajo el brazo, conviene servirle otro café y hacerle muchas preguntas. La llave maestra es una fantasía. Las cerraduras, en cambio, las hemos diseñado nosotros, y lo que se diseña puede rediseñarse.
«Ciudad y derecho a la vivienda. Por una vivienda digna, adecuada y asequible», editado por Roberto San Salvador del Valle, está disponible en tu librería de confianza y también aquí.
Si quieres conocer más sobre nuestro trabajo con Provivienda, te invitamos a leer los artículos:




