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Dadnos un laboratorio y moveremos el mundo
En su famosa diatriba “Dame un laboratorio y moveré el mundo”, Bruno Latour nos dejó muchas pistas para entender el potencial transformador de los laboratorios. El que fuera el primer laboratorio de la historia, el de Pasteur, nos contó Latour, fue mucho más que un lugar donde experimentar. Era una infraestructura capaz de desplazar el mundo.
Piénsalo. Pasteur no transformó la sociedad porque descubriera algo encerrado entre cuatro paredes. La transformó porque logró que lo que sucedía en el laboratorio pudiera viajar: a las granjas, a los hospitales, a la industria, a las políticas públicas, a la vida cotidiana. El laboratorio no era un refugio apartado del mundo. Era una máquina para rehacer sus vínculos.

En Agaete, trabajando junto al equipo del IR-LAB —el Laboratorio de Innovación del Gobierno de Canarias—, volvimos a esa idea. Y queremos trasladártela.
El IR_LAB no es un laboratorio cualquiera. Nace con la ambición de transformar las Islas Canarias en un territorio sostenible, responsable y acogedor. Un lugar donde no se persiga solo una buena vida —la del bienestar material—, sino una vida buena: la que tiene sentido, cuidado y horizonte común.
Y es que hoy se bautiza como «laboratorio» a demasiadas cosas, llevamos años de “whateverLAB”. Pero un laboratorio no se define por su nombre, ni por su estética, ni por sus propósitos. Se define por una manera muy concreta de relacionarse con la realidad que puede sintetizarse en tres desplazamientos.
El primero: Perder el miedo a experimentar y a equivocarte. Sin derecho al error no hay laboratorio; hay administración defensiva, planificación excesiva o marketing de innovación. Experimentar no es improvisar: es construir condiciones controladas para aprender antes, mejor y con menos coste sistémico.
El segundo: Trabajar sobre productos, acciones y servicios buenos, no sobre soluciones perfectas. La perfección suele ser la coartada para no empezar. Necesitas prototipos suficientemente buenos para tocar la realidad, escuchar lo que devuelve, corregir y volver a probar. No se trata de tener razón desde el inicio, sino de diseñar dispositivos que te permitan aprender.
El tercero: Documentar, compartir y transferir. Un experimento que no se documenta es una anécdota en una diapositiva. Un prototipo que no se comparte es una experiencia aislada. Un aprendizaje que no se transfiere no transforma el sistema.
Por eso el reto del IR-LAB no es «hacer más cosas» o “hacer cosas más bonitas”. Ya hay acción, talento y energía de sobra. El reto es convertir esa energía en sistema: pasar del modo evento a una cartera conectada de proyectos demostradores; de iniciativas dispersas en “modo isla” a un archipiélago con vasos comunicantes; de actividades a evidencias; de experiencias a metodología; de comunicación institucional a inteligencia pública y social. Una teoría de cambio, un marco común, indicadores compartidos y proyectos transferibles y escalables en las ocho islas; y de ahí al mundo, porque –como diría Quevedo– nos separa y nos une un mar infinito.

En este contexto, los seis vectores de nuestro Modelo de Innovación Hexagonal funcionan como un astrolabio. No nos dicen exactamente dónde ir pero sí nos permite entender hacia dónde vamos. Nos permite preguntar si vuestro laboratorio de verdad:
- OPEN: abre el sistema y escucha lo que suele quedar fuera.
- TRANS: mezcla saberes, disciplinas, instituciones y territorios.
- AGIL: reduce fricciones, desbloquea acción y acelera dinámicas.
- PROTO: experimenta con prototipos, pilotos para aprender.
- CO: conecta actores y construye comunidad alrededor de los retos.
- TECH: usa datos, tecnología y evidencia para decidir y multiplicar el impacto.
Si esos seis movimientos no ocurren, quizá no estamos hablando de un laboratorio.
Pero cuando tu laboratorio abre, mezcla, agiliza, prototipa, conecta y multiplica, tu institución empieza a producir realidad de otra manera. La fuerza del laboratorio, decía Latour, estaba en su capacidad de extender redes, traducir aprendizajes y transformar el afuera. Esa es también vuestra tarea si quieres montar un laboratorio: no encerrarse en uno mismo, sino construir dispositivos capaces de viajar, escalar y modificar las condiciones de posibilidad de nuestros sectores, sistemas o territorios. En el caso del IR-LAB, dispositivos al servicio de unas islas donde merezca la pena vivir.
Construyamos un laboratorio —uno de verdad— y moveremos el mundo.
Gracias al equipo del IR-LAB y a Octavio Caraballo, Viceconsejero de Presidencia del Gobierno de Canarias, por la confianza. Lo mejor está por venir.




